Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Rompiendo las olas

Título: Rompiendo las olas

Dirección: Lars Von Trier

Interpretación: Emily Watson, Stellan Skarsgard, Katrin Carlidge, Jean-Marc Barr, Udo Kier, Adrian Rawlins.

Dinamarca. 1996

 

 

 

 

 

-“Toda mujer de esta comarca debe aprender a estar sola cuando su hombre se marcha a la mar o a las plataformas, incluso tú debes aprenderlo”.

-“Lo que el doctor quiere decir es que en algunos casos, cuando la vida no merece ser vivida, tal vez sea mejor morirse”.

-“Quiero que busques a un hombre y que hagáis el amor, y que luego vengas aquí, y me lo cuentes, sólo eso me mantendrá vivo”.

 

La redención extrema

 

Creo en Von Trier todopoderoso, creador del drama infinito, de todo lo visible y lo invisible…. La manera retorcida, sórdida, abrumadora que Lars Von Trier tiene de coger una historia dramática, desmenuzarla y servirla cruda, con la sangre manando de esos trocitos de existencia, es mucho más que cine, es una manera de oprimir las sensaciones, de centrifugar la conciencia, de hendir un dardo redentor en el más doloroso recoveco del alma. Rompiendo las olas es una experiencia trascendental a medio camino entre la obsesión religiosa, el asco, la admiración, el sacrificio y el amor extremo hasta sus peligrosos confines. Sea como sea, lo cierto es que esta cocktail molotov de sentimientos enfrentados en una sola cinta funciona, con una epidemia de sensaciones contradictorias, exasperantes en ocasiones, deliciosas en otras, que conducen al espectador hasta la extenuación a lo largo de sus 154 minutos de metraje.

Desgarradora, apabullante, desmesurada, el guión enfermizo de la película es una auténtica obra maestra que hace del que la vea un títere a merced de los caprichos de este genial director. Su manera de mezclar la conciencia religiosa de una mujer criada al amparo del fanatismo cristiano, con la sordidez sexual, la locura en el sentido literal de la palabra y con temas tan espinosos como la eutanasia, hacen ya de la obra un auténtico ejercicio de arquitectura narrativa, pero si además se consigue que la película no sólo sea verosimil, si no que se te inyecte en las venas con sus dosis de realismo (al estilo dogma un tanto tramposo de Von Trier) el guión es de por sí un monumento.

Y para mantenerlo en pie hace falta cimentarlo en una interpretación visceral y emotiva como la que consigue Emily Watson, que pone en pie un papel complejísimo y lo exprime con una pasión febril, imposible mejorarlo.

Técnicamente el director danes utiliza ya algunas técnicas Dogma, para afianzar la tensión dramática del filme, el temblor de la cámara al hombro, microelipsis de gran valor narrativo, sobriedad en la escenografia, planos muy cortos, luces naturales… todos ellos recursos para indagar en el realismo, para meter de lleno al espectador en su vorágine, y a buen seguro que lo consigue, incluso en su final donde busca la extroversión saliéndose por completo del cariz de realismo que ha tenido durante toda la película pero que de alguna manera sirve de desahogo para el espectador (difícil olvidar esas campanas)

Como casi siempre en Von Trier, peca de excesivo, de pedantería en ocasiones, de encajar frases y situaciones maquillándolas con una técnica envidiable, de tener poca consideración con el espectador, pero aún así tengo que rendirme a sus pies. Bravo.

 

Nota: 9

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2 pensamientos en “Rompiendo las olas

  1. Angus en dijo:

    Pues no la he visto, pero habrá que verla!!!!!

  2. Pingback: Dogville « Palomitas con choco

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