Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La pizarra

Título: La pizarra

Dirección: Samira Makhmalbaf

Interpretación: Saeid Mohammadi, Bahman Ghobadi, Behnaz Jaffari, Mohammad Karim Rahmati.

Irán. 2000

 

 

 

 

 

 

-“Hacer las cuentas, eso es genial para un jefe, nosotros somos mulas, siempre en movimiento, ¿cómo esperas que leamos?, para leer un libro hay que estar sentado, nosotros nunca paramos de movernos”.

-“Mi corazón es como una estación de tren, siempre hay alguien que se sube o se baja, pero aquí hay alguien que nunca bajará, mi hijo”.

Tortugas docentes.

La fórmula sigue funcionando. Un guión sencillo pero intenso cargado de denuncia social y de alegorías, rodaje en exteriores con paisajes naturales sorprendentes que encajan perfectamente con la historia, actores no profesionales insuflando de realismo a la narración y pequeñas historias que salpican la película para conocer más profundamente la realidad social en la que se ven inmerso los personajes, un tanto planos en la medida en la que los diálogos repetitivos no dejan hurgar en los sentimientos de los personajes, porque lo que importa en La pizarra, al igual que en la mayoría de las películas iraníes, es el concepto social en el que se desenvuelve la trama, se trata de hurgar en las miserias de un país, de la guerra, de la religión, no en las de una sola persona.

Tiene la película como escenario las montañas del Kurdistán, terrenos áridos y  pedregosos, eriales como las vidas del pueblo que vaga subiendo y bajando por las laderas polvorientas y neblinosas, los únicos rasgos que pueden difuminar la dura realidad del hambre, el miedo, la enfermedad, el éxodo…

La pizarra que los maestros cargan a sus espaldas como tortugas, tratando de buscar alumnos desesperadamente, es el elemento visual fundamental del filme, y el que representa las alegorías en un pueblo que carece de educación básica y que tiene cosas más importantes que solucionar antes que aprender a leer y escribir, asegurar su propia supervivencia, por ello, la pizarra se utiliza para casi excepto para escribir y a lo largo de la película tiene utilidades como la de camilla de emergencia, de puerta, tablas para entablillar y hasta de escudo anti-balas, la necesidad es mucho más poderosa que la progresión de un pueblo que debe pensar en el presente mucho antes que en su futuro.

Las actuaciones de no-profesionales, que en otras películas iraníes han funcionado bastante bien, especialmente con los niños, en ‘La pizarra’ no terminan de cuajar y algunos diálogos parecen recitados, muy poco creíbles. 

La película pone de manifiesto el escaso valor de la educación en algunas sociedades y de la necesidad de realizar malabares para poder sobrevivir en algunas circunstancias. Es muy buena también la utilización de la guerra, omnipresente en toda la película, sin que se vea una sola bala o rifle, solo el temor que genera en los personajes, por otro lado acostumbrados a vivir en tales circunstancias. El sentimiento de dificultad y sufrimiento es intenso y palpable, tratando el tema de forma astuta y sensiblemente crítica al mismo tiempo. Esta valiente apuesta mereció el premio especial del jurado en el festival de Cannes del año 2000.

Nota: 7

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