Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Arroz amargo

Título: Arroz amargo

Dirección: Giuseppe de Santis.

Interpretación: Silvana Mangano, Vittorio Gassman, Doris Dowling, Raf Vallone, Checco Rissone.

Italia. 1949

 

 

 

 

 

 

-¿Y si vamos todas a ver al amo? O nos vamos todas o trabajamos todas

-La cárcel la ha inventado alguien que nunca ha estado en ella, las cárceles no sirven para nada.

Paella a la Silvana.

Como una diva de Hollywood pero con temperamento italiano, Silvana Mangano llena la pantalla con su presencia siendo el atractivo que llevó a esta película a ser un éxito de taquilla en toda Europa cuando aún no había nacido la década de los 50. La actriz derrocha un erotismo inusitado, sin enseñar nada y sin hablar de sexo durante toda la película, tiene el encanto de las grandes de la época, de una rica gestualidad que acapara en todo su cuerpo y de una mirada embelesante. La película en sí es una extraña mezcla de neorrealismo mezclado con el género policiaco, una de las imprescindibles para los estudiosos de esta etapa del cine italiano y aunque se desarrolla de una forma atropellada y acumula un buen puñado de tópicos, no le falta interés a la trama que se ocupa desde el robo y el asesinato a la lucha sindical de las arroceras.

Sorprende la factura técnica con la que De Santis maquilla la película, con composiciones armónicas, muy logradas, incluso con los personajes en movimiento logrando un acompasamiento idóneo para llenar el plano en todo momento. La fotografía en blanco y negro logra contrastes amables, perspectivas evocadoras y bellos planos para destacar a los personajes entre los arrozales o los graneros. Rodada principalmente en exteriores el inusual ‘plató’ que componen los arrozales cubiertas de agua chapoteados por decenas de muchachas arremangadas hasta los muslos suponen un magnífico escenario para la película.

En el fondo del todo, como buena película neorrealista, están las desigualdades sociales, las penurias económicas en una época de posguerra, las duras condiciones de vida de las obreras, aunque muchas veces el propio director se encarga de desdramatizar estas situaciones a ritmo de ‘boogie-boogie’ en una gramola con la que Silvana (también su personaje se llama así) se contonea para delicia de todos.

El principal fallo de la película radica en su ritmo, demasiado acelerado para cerrar muchas de las acciones de forma atropellada y hasta incoherente, en el final, unas escenas se pisan a otras y aquí el guión (que fue nominado al Oscar) se amontona sin dar abasto, pues el director no ha sabido dispensar de forma coordinada las subtramas que se generan en el filme.

NOTA: 5

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Un pensamiento en “Arroz amargo

  1. Angus en dijo:

    Esta película, la vi hace años ( no cuando se estrenó bastante después ) y me gustó bastante. Silvana Mangano es erotismo en sí, no necesita decir ni enseñar, como muchas de su época. Me gusta el cine costumbrista italiano, aunque algun@s puedan tomar esto como que me gusta cine de barrio. Me gustaría volver a verla para recordar y fijarme más en los comentarios que haces.

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