Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La isla

Título: La Isla

Dirección: Kim Ki-Duk

Interpretación: Yoo Seok- Kim, Jung Suh, SungHeePark

Corea del Sur. 2000

 

 

 

 

 

 

-“¿Me permites que te abrace?, me gustan los hombres callados, me parecen muy interesantes”.

-“Yo no soy tu marido, puedo marcharme cuando me de la gana, ¿Lo has entendido, zorra?”.

 

Suavemente radical

Por donde empezar… La Isla es una producción desconcertante, de esas imposibles de catalogar, que basa su extraña narración en el surrealismo (en el sentido más artístico de la palabra) y en el que este director coreano nos trae algunas de las escenas más espeluznantes que jamás haya visto en una pantalla. La película tiene el suave toque de la fotografía coreana, los largos silencios, la tranquilidad reflejada en el agua, y al mismo tiempo, el dolor más radical con automutilaciones que ponen la piel de gallina y producen dentera en el espectador, rozando el gore y obligando al más avezado espectador a taparse los ojos en determinadas escenas. Horrible y fascinante por igual.

Es desde luego inolvidable una vez que se ha visto, capaz de producir admiración en algunos y abyección en otros y que sólo un público minoritario será capaz de disfrutar por entero.

Como ha repetido en otras películas, Ki-Duk vuelve a basar toda su magia en la imagen, no en las palabras, de hecho, la protagonista principal no emite un solo vocablo durante los 86 minutos de filme, mientras que el protagonista masculino apenas dice un puñado de frases. Para compensarlo, la fuerza visual de las imágenes lo comunica todo, desde metáforas visuales muy entroncadas con lo sexual (al más puro estilo surrealista), hasta un inmenso catálogo de planos que le llevan especialmente a jugar con el agua y sus reflejos, o hacer a los personajes que miren directamente a cámara a través de un espejo con una expresividad abrumadora, demostrando una factura técnica encomiable, como la que pocos directores son capaces de realizar en la actualidad.

En una película tan intensa, extenuante a veces para el espectador, la capacidad para aportar lirismo y romanticismo en una narración sobre los instintos más animales (supervivencia, sexual, amoroso, homicida…) deslumbra en un maridaje extremo pero que combinan dentro del recipiente preparado por el director coreano, esa laguna, escenario único de la película, maravillosa para explotarla fotográficamente y arrancarle reflejos y colores, un entorno idílico salpicado de casitas de colores, ideal para ser el cómplice del dolor al que arropa.

Como siempre en estas arriesgadas apuestas, lo que pierde es el guión, sencillísimo y sin sentido que hace que el espectador se pierda (especialmente al final) si no es capaz de ‘pillar al vuelo’ todas las alegorías que van surgiendo. El guión gana en enigma, pero pierde en sentido, tal vez no le haga falta.

Nota: 8

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