Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Funny games

Título: Funny games

Dirección: Michael Haneke

Interpretación: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, Stefan Clapczynski.

Austria 1997

 

 

 

 

 

-Es un niño mimado de mierda, el aburrimiento y el asco que siente por el mundo lo están matando, sobrevive en un vacío existencial, es duro se lo aseguro.

 -No olvidemos el factor entretenimiento, no vamos a privarnos de ese placer.

 -Vamos a jugar a la esposa entregada, o morir a balazos o morir a cuchillo, perder la vida puede ser divertido.

Frialdad a la enésima potencia.

Se trata de un ejercicio narrativo brillante, capaz de mantener el nivel de tensión en lo más alto durante largos minutos que provocan desasosiego, asco y abyección, en una obra dramática tan extrema que roza el género de terror. Funny Games es violencia macabra ‘per se’ sin motivo aparente, y esa ausencia de sentido en los terribles acontecimientos que narra la película y la frialdad absoluta con la que actúan los personajes que juegan al asesinato de una forma infantiloide, dejan al espectador perplejo, fuera de lugar, metiéndose hasta el fondo en unas situaciones de las que jamás se puede conocer el resultado final, pues son absolutamente retorcidas, inconcebibles para el espectador que jamás, ni en la vida real ni en el cine, ha experimentado una conducta tan repulsiva en el género humano.

Es una obra radical, enfermiza en su concepto, pero rodada con una tremenda lucidez para transmitir ese gélido regusto por el sufrimiento ajeno. La tortura psicológica a la que se somete a los personajes acaba también haciendo mella en el espectador que acaba aturdido ante la angustiosa capacidad de flirtear con el sadismo que tiene la película.

Para exprimir al máximo este ‘juego’ con el espectador, Haneke no se conforma con mostrar esa violencia absurda (basada más en los diálogos que en la sangre) y dejar KO al espectador, quiere que sintamos esa angustia extrema y para ello estira las escenas al máximo, en planos generales inmóviles en los que los jadeos y los escasos movimientos ponen los pelos de punta, manteniendo en lo más alto la tensión durante minutos hasta que el director decide dejar de jugar con nosotros. También utiliza el sonido fuera de campo, para dejarnos a expensas de lo que ocurre mientras la cámara enfoca a uno de los personajes ‘malos’ realizando una tarea anodina, con la frialdad señalada anteriormente para dejarnos absolutamente desconcertados, y eso Haneke lo realiza con una maestría fantástica.

Pero la provocación de este director austriaco va incluso más allá cuando su juego le lleva también a romper (por pura diversión) la reglas de la narrativa fílmica más esenciales, lo que lleva a los personajes a hablar directamente con el espectador e incluso a romper el espacio tiempo para rebobinar una escena, mientras, nosotros, humildes espectadores, estamos a su merced. Con un gran ritmo que hace que los planos fijos longitudinales pasen desapercibidos, con una técnica impecable y un guión sencillo, basado en los diálogos pero capaz de sugerir los mayores horrores sin caer en los explícito y unas actuaciones solventes, Funny Games se corona como una película verdaderamente fascinante.

Nota: 9

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