Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Lejano (Uzak)

Título: Lejano (Uzak)

Dirección: Nuri Bilge Ceylan

Interpretación: Muzaffer Özdemir, Mehmet Emin Toprak, Zuhal Gencer Erkaya.

Turquía 2002

 

 

 

 

 

 

-“No es tan duro cuando no tienes nada que dejar atrás”.

-“Tú te subes a un autobús y te conviertes en una carga”.

 

Estambul, invierno sonoro.

 

De una belleza plástica inusitada, plano tras plano Ceylan nos regala una fotografía perfectamente centrada, estudiada y armónica, colocando todos los elementos dentro del plano con una estructura equilibrada, buscando la perfección de un pintor renacentista. En eso se basa Lejano, una joya en cuanto a su fotografía, que consigue hacer de los paisajes nevados de Estambul, de los pasillos oscuros o de los barcos atracados en el muelle auténticas postales turísticas que se sobreponen una tras otra. La cámara estática no adultera en ningún momento la belleza que trata de transmitir esa desazón que cubre también a los personajes.

Tras esto y una más que buena interpretación, poco más tiene que ofrecer esta película turca que tiene más de fotografía que de película. Al estilo asiático, pero con menos fuerza, el guión de Uzak es ramplón, la acción es apenas existente, el ritmo es parsimonioso, extremadamente sosegado y en algunos planos fijos llega a desesperar, los personajes no terminan de conectar en ningún momento, están vacíos y aunque vas conociendo pequeños detalles de sus vidas no dejan de ser efluvios que no terminan de solidificar en la consciencia del espectador. La película pasa sin que haya un giro, sin que nada relevante llegue realmente a enganchar o a lanzar si quiera un cebo al espectador, todo se difumina en retazos espolvoreados de forma azarosa. La película es demasiado contemplativa y poco comunicativa con el espectador.

Si que encuentra algunas sorpresas en la muy acertada utilización del sonido, detallista y que a veces llega a alcanzar el protagonismo de la historia al no haber nada que narrar en la escena. Los tintineos, los pisadas suaves, el quejumbroso paso  de un tren… todos los sonidos que en el cine normal pasarían desapercibidos adquieren aquí una cierta relevancia dentro de la historia, no tanto la música que acompaña bien a la historia, pero no narra.

Tiene el directo turco a lo largo de la película algunos guiños hacia el cine de Andrei Tarkovsky, y no le niego que sabe captar algunas de sus esencias y que tiene cierto parecido en cuanto a la forma de rodar y encajar los planos tan preciosistas dentro de la historia, pero desde luego, en el resultado final el genio soviético sabía sacarle mucho más partido a la historia y hacia que el guión, por aburrido que fuese, alcanzase al menos una envoltura filosófica, una segunda lectura que desde luego a Ceylan se le escapa del todo.

Una cinta bellísima para contemplar, lejana para sentir.

 Nota: 4

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