Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El tambor de hojalata

Título: El tambor de hojalata

Dirección: Volker Schlondorff

Interpretación: David Bennet, Mario Adorf, Angela Winkler

Alemania 1979

 

 

 

 

 

 

 

-“Yo vi la luz en forma de una bombilla de 60 vatios”.

-“Mi caída del sótano fue un éxito rotundo”.

 

Realismo mágico germánico.

 

La sensación que se le queda a uno después de ver ‘El tambor de hojalata’, es imprecisa y volátil. Es desde luego una película que despierta la curiosidad, prolija en imaginación, atípica, extraña incluso… y es que uno no se imagina a priori una película germánica con tintes de un realismo mágico muy ‘sui géneris’ pero que al fin y al cabo explora las mismas vías de fabulación quimérica dentro de un entorno realista, que utiliza el movimiento artístico iberoamericano.

Aunque sólo sea por la sorpresa y por la voz de niño narrando su propio nacimiento o la historia de su pasado, la película deslumbra, te extrae de cualquier prejuicio o pensamiento sobre lo que vas a ver y te introduce en una especie de comedia grotesca a través de un personaje que no encuentras la forma de definir específicamente y esa búsqueda de buscarle un sentido a lo que estas viendo te hace engancharte irremediablemente durante la primera mitad del filme. Ese es también, sin embargo, el gran problema de la película, el de ser incapaz de empatizar con un personaje medio niño, medio monstruo tan cálido y dulce a veces como abominable, otras a medio camino entre la candidez y el juglar de circo, con extrañas habilidades un personaje inclasificable al que el espectador no sabe si adorar o despreciar, irregular y con demasiados giros de timón. Además el desarrollo de la historia deja pasar demasiado el contexto histórico de entreguerras y sólo ofrece meras pinceladas, de la caída de Alemania tras la primera guerra mundial y el ascenso del nazismo hasta la segunda guerra un poco más de contextualización no hubiera estado de más.

Bien es cierto igualmente que la película ofrece una segunda lectura muy amplia en metáforas, alegorías y antítesis procedentes de la obra literaria de Gunter Grass sobre las que se asiente este guión y escarbando un poco podemos encontrar decenas de lecturas que nos llevan a una reflexión más profunda y que nos muestra a Oskar como la esencia del propio pueblo alemán, pero la película está sobrecargada de este tipo de análisis internos que además necesitan en muchas ocasiones de un segundo visionado pues son complicadas de ver en la primera escala narrativa.

‘El tambor de hojalata’ tiene también a mi parecer una de las mejores escenas de la historia del cine, la que convierte una marcha militar en un vals gracias al toque del tambor y a las habilidades pseudo-mágicas del niño-hombre, una metáfora mucho más fácil de alcanzar.

Es desde luego fascinante en muchos aspectos y monstruosa en otros, tiene más valor por su poder visual y la capacidad arrolladora de despertar la curiosidad, que por sus propios méritos fílmicos, pero en cualquier caso merece la pena verla. Lo que dije al principio, una sensación imprecisa y volátil.

Nota: 6

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