Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Animal Kingdom

Título: Animal Kingdom

Dirección: David Michod

Interpretación: Ben Mendelsohn, Joel Edgerton, Guy Pierce, Luke Ford, Jacki Weaver, Sullivan Stapleton.

Australia 2010

 

 

 

 

 

 

 

-“Tengo problemas para encontrarle algo positivo a esto, normalmente soy muy buena en eso, pero ahora no logro encontrarlo”.

 -“Se que te han dicho que hablar conmigo es traicionar a la familia, pero son ellos los que te han traicionado, el hecho de que hayas tratado con nosotros es toda la prueba que necesitas… y estás en peligro, no te dejes confundir”.

 

Tensión parsimoniosa.

 Opera prima esplendorosa. La película se adentra en las relaciones de una familia vinculada con el crimen, un tema ya trillado por el cine, pero la diferencia de esta película que la hace diferente a todas las demás es la sequedad con la que se presenta, es sobria y fría hasta helar la sangre sin necesidad de regodearse en la brutalidad o la violencia, las escenas de crimen y sangre simplemente sobrevienen como una causa, efecto lógica aunque el director se las apaña muy bien para que nunca sepamos del todo cual va a ser el resultado final de cada paso que da el personaje. No hay tiroteos, ni luchas feroces, ni muertes agónicas no música de rock and roll con persecuciones efervescentes a las que nos tiene acostumbrado el cine negro, el efecto encarnizado que provoca la película de Michod es precisamente que esas situaciones se producen con una naturalidad pasmosa lo que las hace más crudas y realistas.

No está exenta de trucos para realzar la tensión, pero el directo también lo hace de una manera brillante y en esta ocasión opta por estirar la cuerda al máximo en cada escena en la que queda algún cabo suelto. El espectador se encuentra con que algo va a ocurrir tras una de las múltiples decisiones que tiene que tomar el personaje principal, espera a que algo impactante vaya a ocurrir y es aquí cuando Michod en lugar de optar por la acción trepidante, decide ralentizar la cámara, hacer que los personajes se comporten de manera mundana y poner una música que hace que la tensión esperada vaya in crescendo hasta la desesperación y hasta que en un momento dado termina por estallar, esta tensión parsimoniosa es una de las claves para que la película funcione.

También destaca una utilización del sonido inteligente, con mucho detalle en cada uno de los movimientos de los personajes, que crujen sobre el silencio desatado también la tensión, unos silencios que por cierto, también llega a utilizar en escenas cumbre cuando la acción está realmente desatada, pero que el director prefiere adormilar creando esa especie de desasosiego en el espectador.

Los planos a ras de suelo, lentos en trávellings para mostrar algo significativo, o simplemente el estado de ánimo de los personajes, junto con algún juego de espejos, son los primeros síntomas de un buen dominio de la cámara, nada mal para un debutante.

Por último también destaca una buena recreación de los personajes, especialmente el de la abuela de la familia, el candor entre los asesinos que está dispuesto a todo por la familia, un personaje realmente memorable y atípico con una seña de identidad propia.

Buen cine independiente, bien llevado y capaz de reescribir un género casi en el lado opuesto en el que se engendró, una buena apuesta por el cine.

Nota: 8

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