Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Cube

Título: Cube

Dirección: Vicenzo Natali.

Interpretación: Maurice Dean Wint, Nicole deBoer, Nicky Wadaqni, David Hewllet.

Canadá. 1997

 

 

 

 

 

 

-“Aquí hay una entrada, por lo tanto, tiene que haber una salida, utilizaremos las botas para evitar las trampas”.

-“La razón por la que estamos aquí, es que todo está descontrolado”.

-“Ahí fuera sólo hay estupidez humana ilimitada”.

 

Desesperación al cubo.

Ciencia-ficción llevada al límite, un desafío a la mente que pone a prueba la ansiedad y otras formas de terror desconocidas, una película insondable en muchos aspectos, aunque su valor radica casi exclusivamente en su premisa más que en su desarrollo. Distinta y original, absorbente e intrigante sin límites, cuyo guión parece obra de un demente por la complejidad que encierra, esta película tiene además un fondo metafísico importante, los cubos y los personajes encerrados en ellos, cada uno con sus circunstancias, son metáforas extrapolables a la propia existencia humana y esto que en su esencia es un gran acierto, es el germen de las vías de escape por las que la película empieza a desinflarse.

Y es que en su afán de desgranar al ser humano, el director comete la torpeza de caer en lo maniqueo, de fundar personajes con la frialdad de un código matemático, y donde la bondad y la maldad quedan demasiado evidenciadas, sin medias tintas, con una clara separación del carácter de esas esencias humanas que no se encuentran en la vida real y que en ese contexto de aislamiento, en ese presidio-rompecabezas, tiene menos sentido aún, más si cabe si es la unidad la que dictamina la supervivencia. Si a estos personajes de enciclopedia barata, le sumamos las malas interpretaciones de los actores que los interpretan, y la gratuidad de algunas escenas sangrientas que no tienen más cabida en el guión que la de alimentar la acción entre habitáculo y habitáculo, nos encontramos con una película poderosísima en su génesis, con una cosmogonía única e intrigante pero que no está a la altura de su prodigiosa semilla de imaginación.

No obstante, es una película muy recomendable por lo que esconde y que incluso se permite algún escarceo de cámara ‘independiente’ para profundizar en la angustia y en el ambiente hermético, que engancha casi sin percibirlo y que da en el clavo al no extender su metraje más allá de esos 92 minutos, cuando la ausencia total de fotografía y novedades en los decorados (todos son habitáculos de colores, no hay localizaciones, ni paisajes ni escenografía), todavía no alcanza a Morfeo.

Nota: 6

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