Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

¿Dónde está la casa de mi amigo?

Título: ¿Dónde está la casa de mi amigo?

Dirección: Abbas Kiarostami

Interpretación: Babek Ahmad Poor, Ahmed Ahmed Poor, Kheba Barech Defai.

Irán. 1987

 

 

 

 

 

 

 

-“Debemos educarnos de un modo en el que solo nos digan las cosas una vez”.

-“Ha oído que las puertas de hierro duran toda la vida, pero yo no se cuanto dura una vida”.

 

Irán, puertas cerradas

 

Con dos duros y muy buenas intenciones, Kiorastami nos regala esta sencillísima película cuya sinopsis ya la refleja el título, el ‘miniviaje’ que emprende un niño para buscar la casa de su amigo y devolverle un cuaderno que se ha llevado por error. Con esta historia tan simplista y sin ningún tipo de alarde ni giros argumentales que nos desvíen a otras tramas temáticas, Kiarostami ejerce de arquitecto fílmico para construir una narración firme, hecha apenas de adobe y paja, como el laberíntico enjambre de casas cerradas que nos va mostrando a lo largo de esta película. Con tan débiles mimbres el director iraní nos ofrece una parábola de la vida en Irán que no está escondida, si no que es directa y fácil de digerir. Nos habla sobre todo en la película del salto generacional en un Irán rancio y soslayado, de la inocente pelea de un niño por imponer el valor de la solidaridad ante sus mayores que muestran siempre una actitud distante, y que no escucha a esa nueva generación mientras mantienen ridículos diálogos de besugos y que proliferan en su ignorancia de una forma exasperante. Su lucha pueril es sobre todo, contra la incomunicación de un pueblo, contra el temor a escuchar otras ideas por sencillas y lógicas que sean y ante esto, lo que se encuentra el joven protagonista, son puertas cerradas.

De una factura tosca, sin más ornamento que las callejuelas estrechas, serpenteantes y escalonadas de la ciudad en la que se rueda, la película presenta graves déficits en cuanto a localizaciones, reparto general (prácticamente solo hay un personaje en la película y todos los demás son meros extras) y escenografía, supongo que lastrada por un escaso presupuesta que limita en mucho las condiciones para rodar.

Tampoco sabe manejar Kiarostami los tiempos ni el ritmo, prácticamente monocorde a lo largo de la película, donde lo único ‘in crescendo’ es la desesperación del protagonista, tal vez para realzar aún más la naturalidad y el realismo de la película pero que en esencia sobra, porque solo el planteamiento fílmico que nos presenta ya adquiere con creces la sombra de realidad al filme.

Aún así, pasando por alto el plano técnico lo importante de la película son sus valores y la sutil subversión que nos presenta en forma de pequeña fabula infantil capaz de radiografiar la realidad de su país sin ningún artificio visual.

 

Nota: 6

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