Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Historias mínimas

Título: Historias Mínimas.

Dirección: Carlos Sorín

Interpretación: Javier Lombardo, Antonio Benedictis, Javiera Bravo, Laura Vagnoni.

Argentina 2002

 

 

 

 

 

 

-“En estos tiempos, los que no tienen capacidad de improvisar, desaparecen”.

-“A mi marido le gustaba el cultivo de la palmera, decía que la Patagonia algún día sería como Brasil”.

-“Ese perro es el único que me conoce”.

 

La pequeña soledad remota.

 

Pocas veces el título de una película ha dicho tanto de su contenido. Lo que se concentra dentro de este celuloide de 96 minutos son eso, Historias mínimas, pequeños retazos de la vida de tres personas diferentes que viven su particular aventura. Todos ellos tienen dos denominadores comunes, están solos, muy solos, y viven en los parajes extremos y semidespoblados de la Patagonia argentina, el marco incomparable para hablar de la soledad, con un enfoque fotográfico que bien se asemeja a la mítica Paris-Texas de Win Wenders. Las historias (tres principalmente) están envueltas todas en una especie de drama, pero por dentro son amables y cómicas incluso en algunas ocasiones en unos relatos que se entrecruzan y que están dotados de un guión con una pasmosa naturalidad. Poco a poco los personajes ‘mínimos’ se van encontrando con otros secundarios que dibujan el retrato social de una Patagonia alejada de todo, longitudinal, remota, pero alegre y amable entre sus gentes recreando un magnífico entramado de relaciones que subrayan un retrato costumbrista de la zona. Todo para enriquecer a los personajes centrales. Y todo esto se hace casi susurrando, la película es un ligero soplo de brisa, una sencillísima narración sin nada más extraordinario que la cotidianidad y las diminutas aventuras que la acompañan, totalmente realista y natural, apoyada en esencias humanas, y es de esa concreción donde Sorín consigue sacar un sentido épico, casi universal que da a la película ese toque de delicadeza tan especial.

Huir de la tristeza y poner un punto de optimismo y esperanza en esta vasta planicie atravesada por una carretera apenas transitada es el gran acierto de Sorín, en una sui generis ‘road movie’ por la que se circula sin aditamentos, solo con las vidas que las atraviesan.

También destacables las actuaciones de Javier Lombardo con su particular odisea por conseguir perfeccionar una tarta de cumpleaños, como la del anciano, Antonio Benedictis buscando el perdón de su perro.   La tercera historia, más mundana y que toca el corazón mucho menos (afortunadamente es la más corta) está peor interpretada.

Nota: 7

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