Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El sabor de la sandía

Título: El Sabor de la sandía

Dirección: Tsai Ming Liang

Interpretación: Lee Kang Sheng, Cheng Shiang-chyi, Lu Yi Ching.

Taiwan. 2005

 

 

 

 

 

 

-“Sigues vendiendo relojes”

-“No encuentro mis pestañas”

Sensualidad absurda.

Inclasificable filme taiwanes enmarcado en un género musical erótico con tintes de comedia y que al mismo tiempo trata de provocar al espectador, especialmente con escenas sexuales que pudieran ser consideradas aberrantes por el espectador medio. Tiene la película una virtud especial, la de convertir cada escena en arte, con una planificación en la composición de cada plano especialmente medida que le lleva a lo largo de la película a desparramar todo un ramillete de planos en una variedad y calidad soberbia. Miradas excéntricas, con doble fondo, partidas por la pared, cenitales, de gusano, composiciones en horizontal, vertical, en diagonal o formando todo tipo de figuras geométricas con los elementos que conforman la escena. También hay que valorar muy positivamente las extrañas interpretaciones de los actores con dos personajes inclasificables, que consiguen el complicadísimo reto de narrar una historio con gestos, miradas, caricias, sonrisas y juegos que acompañan a los juegos visuales que el director interpone en la película. Tiene por el contrario, una renuncia total a la narración se prefiere dar a intuir que contar, se prefiere esconder sensaciones tras una nebulosa a hilvanar un guión mínimamente significativo y eso sumado a que no hay una sola conversación más o menor engarzada durante toda la película (ni una sola) dejando planos fijos en silencio durante varios minutos, hace que la película sea tediosa. ¿Cómo trata el director de romper con este evidente languidecimiento del filme?, pues atropellando al espectador con números musicales que cortan de raíz las escenas más sensibles de la película  poniendo una acción absurda que entrecórtale filme y que si cabe empeora aún más el ritmo, quebrándolo como un cortafrío. Lo que consigue en cuanto a los personajes, es conocer algunas de sus más íntimas sensibilidades sin saber absolutamente nada de ellos, quedando extrañamente conformados, raros ajenos a la realidad y también al cine porque son como extraterrestres de algodón en cualquiera de esos mundos. Eso sí, mientras uno se aburre se atiborra los ojos de una belleza suprema, siente el frescor de la sandía en sus labios, se le erizan los vellos al tacto de las pieles, siente repugnancia de algunas escenas sexuales, se divierte con la forma de coger cangrejos, descubre como fumar con los pies o como hacerle el cunnilingus a una sandía, y uno admira tanto algunas escenas que si en vez de durar cuatro minutos duraran dos, hasta aprobaría esta película, pero sus 108 minutos de metraje se convierten en una losa poética que entierra cualquier posibilidad de disfrutarla.

 Nota: 4

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