Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Trainspotting

Título: Trainspotting

Dirección: Danny Boyle

Interpretación: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jhonny Lee Miller, Robert Carlyle.

UK. 1996

 

 

 

 

 

 

-“Coge el mejor orgasmo que hayas tenido, multiplícalo por mil y ni te acercarás a la sensación de un chute de heroína”.

-“Dentro de mil años ya no habrá tíos ni tías, solo gilipollas, a mi me parece de puta madre”.

 

 

Elige divertirte.

 

Descarada, psicodélica, frenética y muy divertida pese al horrible transfondo que muestra. Así es Trainspotting, un sagaz estudio del mundo de la adicción a la heroína en el que están envueltos un grupo de jóvenes que se vuelven caricaturas de si mismos pero con anécdotas a raudales que demostrar en una película en la que pasa un poco de todo. Y es que el primer punto a favor de Trainspotting está en sus personajes, que rompen moldes con respecto a los arrastrados que suelen mostrarnos las películas de este estilo. Tienen ambiciones y aficiones se divierten, salen con sus amigos, practican el sexo y roban para conseguir más heroína, pero todo en un tono más afable del que podría pensarse en un primer momento, hasta que las naturales tragedias llegan sin darse cuenta. Porque no sólo te muestra el lado negativo de la droga, si no también el positivo, esta pandilla de colgados cada uno con una personalidad muy excéntrica, pero muy bien definida, tanto como para llegar a creerte a pies juntillas las actuaciones aberrantes de estos tarados adictos. Tiene también una forma muy moderna de narrarse, magnifico montaje, cámaras al suelo, planos a ritmo de la música al estilo videoclip, alguna metáfora visual, imágenes congeladas para dar al narrador la oportunidad de explicar lo que va a acontecer…una narrativa que le confiere a la película un toque distinto y especial alejada de los filmes convencionales. Se basa también su fuerza en la estética Underground que consigue de los suburbios de Edimburgo, muy cuidadas las localizaciones, con casas ruinosas y sucias, muebles desvencijados, colchones en el suelo, servicios apestosos (si el cine se pudiera oler) y grandes dosis de suciedad y abandono urbano componen la película. No esta nada mal tampoco la interpretación de sus actores, algo histriónica en algunos casos por las curiosas necesidades que necesitan ser sacadas a luz de estos curiosos personajes, pero muy buenas en general, especialmente la de Ewan McGregor. El ritmo junto a las pautas que marca la música, en muchos casos de discoteca, es también un gran acierto de este filme, pero es ante todo su guión en espiral, desequilibrado pero redondo, en el que cuenta cientos de anecdotas que a la vez hilvanan las vidas de los personajes y con un final magnífico para dar el toque final a la película lo que le confiere a esta película el haber convertido en una película de culto, una obra hilarante y desgarradora a la vez, alocada pero sensata, que abre las puertas de la comicidad al terrible mundo de las drogas con una estética que marco época. Un gran acierto de la historia del cine que encumbró a su director Danny Boyle y a su protagonista Ewan McGrgegor.

 Nota: 10

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