Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Requiem por un sueño

Título: Requiem por un sueño

Dirección: Darren Arofnosky

Interpretación: Jared Leto, Jennifer Connelly, Ellen Burstyn, Marlon Wayans.

USA. 2000

 

 

 

 

 

 

-“Si hay alguien enganchado a la televisión esa es mi madre, creo que le debo un televisor nuevo, ya sabes el trote que se ha dado el viejo entrando y saliendo de la tienda”.

– “Salir por televisión es un motivo para levantarme por las mañanas, para perder peso, para ponerme el vestido rojo, para sonreir”.

 

Epilepsia hasta el infierno.

 

Hasta el día de hoy, ninguna película ha logrado noquearme de una forma tan brutal como lo ha hecho Requiem por un sueño, una obra fabulosa que te apuñala de frente, que te desgarra y te lleva a los abismos del mismo infierno con una historia sobre las adicciones ‘enganchada’ a la imaginación y el drama, simplemente espeluznante y no apta para sentimentalistas o débiles, aquí no hay redención posible, todo es drama refulgiendo en las entrañas.

En este viaje sin retorno que emprende una serie de personajes en continuo descenso al abismo a un ritmo frenético pero linealmente ‘in crescendo’ hasta el delirio, el filme ya sorprende por el maravilloso y amplísimo abanico de recursos técnicos que utiliza (ya desde la primera escena) cortando la pantalla en dos para ofrecer una múltiple perspectiva de los hechos, planos ‘extradetalles’ para captar incluso lo que el ojo normal no vería en los efectos de las drogas, cámaras superrápidas o superlentas para acentuar las sensaciones que tienen los personajes en cada momento, ‘zoom-outs giratorios en planos cenitales con una sensación envolvente sublime, fundidos a blanco, conexión de los personajes surgidos como efecto de los narcóticos con la realidad… son tantos y tan certeros los recursos innovadores y originales que utiliza Arofnosky en esta película que realmente sorprende que se haya podido hacer algo así.

El resultado final de toda esta amalgama de ensoñaciones, movimientos de cámara, alteraciones sensoriales, y juegos de color no es más que el frenesí, una especie de epilepsia que deja una desasosegante sensación de agobio, y sólo es el principio, porque en los últimos veinte minutos es cuando el director deja de jugar tanto con la cámara para hacerlo con la historia, dando al argumento un empujón hacia el vacío que te deja abrumado y jadeante en el sofá ante los añicos de una explosión de cine con mayúsculas, bestial y harto difícil de olvidar para los cinéfilos.

Meritorias todas las interpretaciones, especialmente la de Ellen Burstein, que interpreta al personaje mejor perfilado de la obra y a la que Hoolywood le arrebató el oscar para dárselo a Julia Roberts.

Y por supuesto, sublime en esta película la música, para no exagerar capaz al menos de competir con cualquier otra banda sonora de la historia del cine, emocionante, perforadora, enigmática, imposible de borrar de la cabeza y que encima encaja a la perfección con esta historia apasionante y cautivadora.

Siento tener sólo halagos para esta película magnífica y espero que imperecedera.

 Nota: 10

 

 

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