Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El topo

Título: El Topo.

Dirección: Alejandro Jodorowsky.

Interpretación: Alejandro Jodorowsky, Brontis Jodorowsky, José Legarreta, Alfonso Arau.

México. 1970.

 

 

 

 

 

-“Hoy cumples siete años, ya eres un hombre, entierra tu primer juguete y el retrato de tu madre”.

-“Para que puedas amarme tendrás que ser el mejor, en este desierto viven los cuatro maestros del revolver, para que te ame tendrás que matarlos”.

 

Friki-western místico.

 

Es difícil explicar esta obra a medio camino entre La parada de los monstruos y Kung-Fu, en un desértico escenario de Western, y digo obra porque calificarla de película cuando la cinta desprecia las más inherentes reglas del cine, sería atrevido. Absolutamente inclasificable, extraña y tremendamente provocadora, el filme de frenopático que presenta Jodorowsky es una continua alegoría con referencias cristianas, budistas, guiños homosexuales y lésbicos, un canto a las perversiones y al instinto social del hombre y una dura crítica a los convencionalismos, especialmente a los eclesiásticos.  El caso es que la película tuvo una auténtica legión de fans desde el día en que John Lennon la calificara de obra maestra, convirtiéndose en película de culto, la realidad, o al menos la mía, es que el topo es una pura transgresión de las normas, un desafío a lo establecido, pero como película deja montañas de fotogramas desheredados. El experimento concluye en una película caótica, sin sentido narrativo, con personajes absolutamente desarbolados que deambulan en una especie de atracción de feria mortal y sangrienta, las escenas están deshilvanadas, el ritmo roto por continuas elipsis narrativas sin función narrativa clara que no sea el intentar no agobiar demasiado al espectador ahorrando tiempo, los escenarios repetitivos, la iluminación demasiado instigadora y los decorados de cartón-piedra. Se supone que lo bueno de la película está en su misticismo, en la filosofía que desprende, de rasgos zen en algunos casos, cristianos en otros y de panteismo macabro en algunos aspectos. Pero poca reflexión se desprende de un ejercito de muñones, donde actores con deformaciones físicas pululan por la cinta con el ánimo de provocar, su uso del surrealismo es demasiado íntimo, diríase una película solo rodada para él director y para su ego. En cualquier caso, la estandarización del surrealismo que evoca no alcanza un mínimo exigido de calidad, está mal rodada y eso para mí, con las reglas del juego que existen, es indiscutible.

Nota: 1

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