Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Roma, ciudad abierta

Título: Roma, ciudad abierta.

Dirección: Roberto Rossellini

Interpretación: Marcello Pagliero, Anna Magnani, Aldo Fabrizi.

Italia. 1945

 

 

 

-“Nosotros luchamos por una cosa que debe venir, que tiene que venir, tal vez el camino sea largo y duro, pero llegará”.

-“Hemos sembrado Europa de cadáveres, y de esas tumbas crece lentamente el odio”.

 

Realismo trascendental

 

De enorme relevancia histórica y con una profunda denuncia social arraigada en la misma guerra que se desarrollaba al tiempo que se desarrollaba la película, cuentan los entendidos que Roma, ciudad abierta cambió la historia del cine le aportó un inmenso sentido narrativo más realista, más apegado al pueblo y de ahí nacieron las películas de verdadera denuncia social y se amputó a la férrea industria hollywoodiense. Tiene en efecto la película, una gran capacidad descriptiva haciendo de la ficción algo más verdadero que la propia realidad, aprovechando esa capacidad que tiene el arte para captar el todo desde lo concreto y en la historia desdichada de guerra, traición y abusos de poder se dibuja toda la sociedad de aquella Italia tomada severamente por el nazismo, y además tomando partido, haciendo del cine un compromiso vital. La historia es espontánea, natural, terrible y emotiva, tiene fragor en la contienda narrativa, dibuja a los personajes como debieran ser en esa época y los dota de unos diálogos contundentes (estos sí un tanto desnaturalizados) y efectictas para hacernos saber quién es quién sin más demora. Pero es cierto también, que la película lleva la cometa de las espectaculares críticas haciéndola volar demasiado alto. Tal vez fuera el primero pero en décadas sucesivas, las academias de cine y la inagotable imaginación de los guionistas han ‘metrado’ decenas de películas que basándose en los esquemas originales acuñados por Rossellini han sido mejorados, cine comprometido, realista, desgarrador, que mina las conciencias, pero que además ha sabido aprovecharse de las técnicas cinematográficos y los modelos narrativos que se han ido aportando a lo largo de los kilómetros de cintas exhibidos durante décadas. Sin duda es honesta, sincera y tiene un formato semidocumental que altera el interior del espectador, pero las consideraciones técnicas no debieran supeditarse al año de realización, el cine es universal y atemporal, como cualquier otro arte, y Roma ciudad Abierta no supera la prueba del anquilosamiento del tiempo aunque sigue siendo una magnífica película.

Nota: 6

 

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