Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Rashomon

Título: Rashomon

Dirección: Akira Kurosawa

Interpretación: Toshiro Mifune, Masayuki Mori, Machiko Kyo.

Japón. 1950

 

 

 

 

 

 

-“Hoy en día nadie se fía de los demás, es difícil sobrevivir sino eres un egoísta”.

-“O bien mueres tú, o bien muere mi marido, pero uno de los dos tiene que morir ¡tenéis que luchar!”.

 

Guión de mentirosos.

 

Si no fuera en blanco y negro la podría haber firmado cualquier director contemporáneo, porque la gran destreza de esta película radica en una fuerza narrativa inconmensurable y en un guión, contando un mismo suceso desde cuatro puntos de vista diferentes, que pareciera ideado por un Tarantino o un González Iñárritu, porque sí, el montaje también es excepcional, mezclando cuatro historias diferentes (aunque sean de un mismo suceso) y tres tiempos distintos, todo ello mezclado con tal habilidad que la historia sale adelante sin ninguna tara. El espectador, está constantemente confundido en esta historia de tintes detectivescos en las que van aflorando detalles de las personalidades de los protagonistas, para al final llegar a una conclusión, el hombre miente por naturaleza y el hombre es capaz de cualquier maldad por naturaleza, más si se ve forzado por circunstancias excepcionales. Esta revisión filosófica a la que nos lleva Kurosawa nos hace ver las miserias del ser humano a través de una historia totalmente verosímil en el Japón del siglo XII pero al mismo tiempo, cuando todo parece perdido para la fe humana la poderosa figura de un bebé nos vuelve a dar esperanza y a sacar lo mejor del ser humano. Con una fotografía fantástica en blanco y negro llaman también poderosamente la atención las caracterizaciones de los personajes, sus ropajes y enseres tienen un punto fundamental en el guión y poco a poco también sirven para ver de que está hecho cada uno y para ir arrojando luz poco a poco sobre la historia, porque, y he aquí lo bueno del guión, los personajes mienten, todos ellos nos cuentan una visión diferente y egocéntrica de lo sucedido (un asesinato), pero los objetos no y con los personajes son los espectadores los que son mentidos también y nunca saben a ciencia cierta qué creer. La escena en la que el muerto cobra voz a través de la vidente para mentirnos a su manera, es aterradora, las sedas al viento de la contactada, con la cara pintada revolcándose por el suelo, es realmente acongojante, algo que el cine de hoy en color y Dolby Surround es incapaz de hacer, mientras que Kurosawa consigue petrificarte. El punto más flaco de la película es la interpretación de los actores, probablemente demasiado teatralizada aunque la época y el lugar del que proceden la película puedan disculparlo, pero desde luego las interpretaciones son demasiado histriónicas para el gusto occidental.

 Nota: 8

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