Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Primavera tardía

Título: Primavera Tardía.

Dirección: Yasumiro Ozu

Interpretación: Setsuko Hara, Chishu Ryu, Yumeji Tsukioka.

Japón. 1949

 

 

 

 

 

 

-“Si me caso se complicarían un poco las cosas, por mi padre, está acostumbrado a mi”.

-“Noriko, tu y yo no podemos estar juntos siempre, algún día tendrás que casarte y marcharte”.

 

Oro cotidiano.

 

Dicen de Ozu que nadie como él ha sabido sacar tanto partido a la cotidianeidad, y es cierto, pero eso no significa que sus filmes dejen de ser cotidianos. El director japonés rueda con cierta maestría la historia de una joven núbil presionada para darse en matrimonio y de una historia tan nimia el director saca oro, poniendo ciertas dosis de tensión a lo largo de la cinta, proponiendo dilemas morales que se resuelven sucintamente y agregando ternura y drama a partes iguales para salpimentar el filme. No deja de ser sin embargo, una historia fútil, con poca ‘chicha’ para el espectador muy liviana en cuanto a la temática y aunque el guión se construya sacándole un rendimiento del 100% la película, en mi opinión, pierde interés desde su propia concepción. La forma de rodar es muy occidentalizada, muy al estilo Hollywood, por lo que el ritmo es de forma general apropiado, tiene de todas formas algún despiece en la película donde se impone la tradicional lentitud japonesa, especialmente en la filmación de la obra de teatro a la que los dos protagonistas asisten, que no es apta para el espectador occidental que termina hastiado de esperar a que acabe la escena. Los detalles simbólicos en forma de trenes, o vestidos, la recreación en los cambios en los estilos de vida tradicionales de Japón por los gustos más occidentales, o el cuidado en la escenografía y los decorados, son otros apuntes positivos a tener en cuenta en este filme.

Pero su excesiva sencillez, su visión rasante acerca de los temas que trata (nunca llega a meter el dedo en la yaga), su humildad y corrección social, hacen que la película no termine de llenar del todo y nos quedamos en las maneras y no en lo que nos dice, tal es la sutileza con la que nos cuenta Ozu que apenas la percibimos.

 Nota: 5

 

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