Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La semilla del diablo

Título: La Semilla del diablo.

Dirección: Roman Polansky

Interpretación: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon.

USA 1968

 

 

 

 

 

 

-“Soñé que alguien estaba seduciéndome, no sé, alguien inhumano”.

-“Dios ha muerto, es el año uno de Adrián, ¡salve Satán!

 

 

La cuna negra.

 

Este clásico del cine de terror, basa su inquietante propuesta en el difícil equilibrio entre el cine efectista a base de guión y la dosificación de la información sobre la trama de la que el director se desprende suavemente, mezclada por una historia sin artificios, ni trucos que enfanguen el guión, ni si quiera efectos especiales, o salpicaduras de sangre. Por ello, no es una película especialmente terrorífica, sino más bien la historia de un embarazo con unas peculiaridades que lo extraen de lo común y donde el director vuelca su interés. En efecto, Polansky, liberado de las tensiones para buscar el terror en lo más oscuro del ser humano, tiene vía libre para centrarse en una atmósfera que divaga con sutilidad entre la más transparente cotidianidad de la vida en familia hasta los más recónditos vericuetos de la conspiración, lo demoníaco y la brujería sobre los que cabalga con una naturalidad pasmosa pese a los innatos condicionantes de descrédito que posee el tema en sí mismo. El agudo retrato psicológico que se consigue de la protagonista, Rose Mary,  y las sospechas que ella misma vierte sobre su problemático embarazo, hacen del personaje todo un logro, aderezado por supuesto con un buen trabajo de maquillaje y una interpretación bestial capaz de conjugar en el mismo gesto, el amor que profesa hacia lo que se está gestando como las dudas que restallan sobre el mismo conforme va descubriendo más partes de la trama.

También de sobresaliente son algunos de los recursos como la música (definida por algunos críticos como una nana de naturaleza espectral) o los pequeños detalles de escenografía como la cuna negra de la que pende un crucifijo invertido.

En este terror más sugestivo que presencial, donde la sombra no está en un cementerio indio, si no en la puerta de al lado, tiene un par de pecadillos, como el escaso provecho que se le saca a los juegos de cámara (algún retrato tras los cristales, o los rayos de luz sobre una tez que se esconde son lo más destacado) así como el recargado aspecto de algunos de los personajes secundarios, tanto en vestuario como en sus obsesiones personales, que si bien juegan un papel importante en la trama (los marca sin llegar a dilucidar nada sobre su intervención) ponen a la película un toque extravagante que no cuadra con el resto de la propuesta, más fría y formal.

 Nota: 8

 

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Un pensamiento en “La semilla del diablo

  1. Terror inteligente, sin duda una obra interesantes de un director que tiende a navegar por mares turbulentos. Posiblemente la mejor acercacion a lo que imaginamos que deberia de ser una secta con el proposito que se cita. Sin estridencias, sin efectos especiales y sugeriendo, siempre sugeriendo

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