Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

La balada de Narayama

Título: La balada de Narayama

Dirección: Shohei Imamura

Interpretación: Ken Ogata, Sumiko Sakamoto, Tonpei Hidari, Takejo Aki.

Japón. 1983

 

 

 

 

 

 

-“Es verdad que en nuestra casa es importante una boca menos, por eso debo ir a la montaña”.

-“Cuando a los 15 años fui con padre a la caza del oso, fue en ese paraje donde lo maté”.

 

La ley del hambre

 

El microcosmos rural que consigue crear Imamura en esta película es primitivo, explícito, brutal un tanto esperpéntica. La historia de un grupo de campesinos que viven en un pequeño poblado aislado geográficamente rememora la trivialidad humana a la hora de establecer sus propias leyes, sus religiones y supersticiones y el uso que hacen para normalizar las necesidades (el hambre y el sexo) para aprender a convivir de forma que cualquier atrocidad para el mundo moderno se refleja con total normalidad en ese ambiente viciado (a nuestros ojos), así todo vale dentro de sus reglas, desde matar o vender a un recién nacido si no se puede asegurar su manutención, hasta la zoofilia, si no hay con quién mantener relaciones sexuales. Todo pudiera parecer depravado fuera de la película, pero la grandeza del filme radica en que dentro de esa sociedad todo pareciera ser lo común o incluso lo razonable para su propia supervivencia. Para conseguirlo, la confección de los personajes vuelve a ser magistral, tenemos excéntricos personajes desde la abuela razonable que tiene que viajar a la montaña (historia principal sobre la que gira el relato pero atravesado por decenas de pequeñas tramas que reflejan este extraño costumbrismo), hasta el hijo que no encuentra mujer porque tiene un olor horrible ( y que deja una pequeña raiz cómica dentro de las atrocidades de la película), el papel lascivo de algunas mujeres de la película, un sinfín de personajes raros que le dan un toque muy especial a la película. Junto a todo esto, las dos grandes características del cine asiático que se cosen también a esta película, la fotografía preciosista (algunas escenas de nieve son verdaderas maravillas), el culto a la naturaleza (que en este caso sirven como metáforas visuales de lo que le ocurre a los personajes humanos) y la desgracia de un ritmo lento, que en este caso es algo menos acuciantes, porque aunque la trama principal no es firme sí que existen pequeños matices e historias que van salpicando la película y la hacen llevadora, pero aún así, se hace larga. En cualquier caso es una gran película, bella, extraña, arrebatadora en las abyecciones que presenta y realmente original en su guión. 

Nota: 8

 

 

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