Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El último emperador

Título: El último emperador

Dirección: Bernardo Bertolucci

Interpretación: Peter O´Toole, Jhon Lone, Joan Chen, Ying Ruocheng, Victor Wong

UK 1987

 

 

 

 

 

 

-La ciudad prohibida se había convertido en una gran teatro sin público, ¿Por qué entonces los actores seguían en escena?

 -Creo que el emperador es el joven más solitario de la tierra.

 

10.000 años recluido.

 

Gran superproducción de Bernardo Bertolucci cuidadísima en los detalles técnicos, especialmente en la escenografía, el vestuario y la música (magistrales) pero que no ha terminado de brillar en la historia pese a los 9 oscars que le brindó la academia de Hollywood. De excesivo metraje (160 minutos) la película comienza muy bien narrando los hechos históricos que hicieron que un niño de tres años fuera coronado emperador, contando con minucioso detalle la vida en la corte y captando cómo se vivían desde dentro los cambios geopolíticos que acontecían fuera de la ciudad prohibida, un cofre hermético que vivía ajeno a la realidad hasta que la historia se topó con ella. En esa primera mitad de la película se nos deja algunas escenas brillantes (la elección de la esposa, su primera noche con ella mientras los lacayos los desvisten, el paseo en bicicleta cuando muere su madre, el corte de la coleta), pero desde que el emperador saliera de su jaula de juventud (para ingresar posteriormente en otras jaulas)  la película cae en picado, los detalles resultan superficiales, la escenografía fuera de palacio pierde toda su fastuosidad y las propias vivencias del emperador parecen perder interés, así hasta un final soso e inapropiado. En cuanto a la verosimilitud histórica, es una cinta en la que Bertolucci no trata de tomar partido, intenta manejar el filme desde una posición distante, una actitud que no termina de funcionar, ya que el protagonista de la historia termina teniendo un papel edulcorado, aunque pudiera ser el actor secundario de auténticas barbaries. Ni el tono político, ni las circunstancias culturales en las que se maneja llegan a emocionar y que tampoco deja ni poso ni huella para poder tener una visión comprometida de los acontecimientos históricos que relata, la lejana visión del director también lo es para el espectador, que termina viendo pasar la cinta ante sus ojos sin necesidad de pensar demasiado.

 Nota: 5

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