Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Brazil

Título: Brazil

Dirección: Terry Gilliam.

Interpretación: Jonathan Pryce, Robert de Niro, Michael Palin, Kim Greist.

UK. 1985.

 

 

 

 

 

-“Ahora todo el país está cuadriculado, no te puedes mover sin formulario”.

-“Mi madre está fuera por navidades, las pasa en cirugía plástica”.

-“Una resistencia larga podría perjudicar su línea de crédito”.

-“¿Un poco de necrofilia?”.

 

Pesadilla cómica en burocratilandía.

 

Dios mío ¿Qué acabo de ver?. Esa es la mejor definición que se me ocurre para una película absolutamente inclasificable, que mezcla una comedia nigérrima, con la ciencia ficción futurista en clave ‘vintage’, la sátira política, el drama hostil, el amor surrealista y el género policíaco-violento. Es en ese laberinto imposible en el que Gilliam suelta al espectador con los ojos vendados en esa escenificación de cables, calles sombrías y estrechas habitaciones y donde el desamparado ‘visionador’ no tiene más remedio que dar tumbos entre la pesadilla y el sueño, entre el asco y la risa, entre la comprensión y la abyección. Los personajes de perfil caricaturesco son movidos como marionetas por el propio guión y la inercia que marca el extraño mundo futurista que dibuja, sólo dos personajes, el protagonista y su amada, escapan a los hilos del pensamiento único marcado por esta sociedad excesivamente burocratizada. Chapó por la innovación, por arriesgar, por hacer algo completamente diferente a todo lo que se había hecho antes (bueno los paralelismos con el 1984 de Orwell son innegables), aunque en líneas generales, y esa es mi opinión la película es excesiva, cargante. La estética barroca termina siendo dañina para los ojos, todo parece desarrollarse en una atmósfera contaminada de cachivaches al estilo de los 50 con un tono futurista, el guión da mil vueltas en un vórtice sin fin,  tiene escenas rocambolescas y delirantes, sin pies ni cabeza, en las que resulta difícil sacar algo en claro y en las que el director se recrea (el metraje de 131 minutos ya dice de por sí lo que se gusta Gilliam) y la crítica a todo un sistema en sus innumerables aspectos (burocratización, estado policial, pena de muerte, corrupción, excesiva presión fiscal, consumismo…) termina por resultar cargante, muy poco oxígeno para el espectador y para la vista. La película se le va de las manos al director, es excesiva pero… tiene tanto que mostrar!! Todo el mundo debería verla, eso sí, solamente una vez.

 Nota: 5

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