Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Viridiana

Título: Viridiana

Dirección: Luis Buñuel

Interpretación: Silvia Pinal, Fernando Rey, Francisco Rabal, Margarita Lozano.

España. 1961

 

 

 

 

 

–          “La ceniza significa penitencia y muerte. Pues entonces la penitencia para ti que vas a ser monja y la muerte para mí que soy más viejo”.

–          No me lo va a creer, pero la primera vez que la vi me dije: “mi primita Viridiana terminará jugando al tute conmigo”.

 

Desenmascaradora.

 

 

Todos caemos en el pecado, todos tenemos tentaciones y en Viridiana esto se recoge de una forma mordaz, constantemente alegórica, pero cercenando cabezas. Porque Viridina (y sus piernas) desenmascaran al ser humano, incluyéndose ella en esa relación. Viridiana es ante todo un conjunto de metáforas visuales ideadas por una mente privilegiada y ácida, llenas de genialidad, que en cada visionado te permite descubrir alguna nueva a destacar en este amplio listado: 1. El gato cazando al ratón, 2.La Monja inexperta tratando de ordeñar la ubre. 3. El crucifijo-navaja, 4. La monja vestida de novia 5. La partida de tute. 6. La cuerda de saltar (cinturón y horca) 7. El rezo del ángelus al ritmo de los obreros… pero sobre todo la gran escena de la bacanal de mendigos y la ‘foto’ final en la postura de la última cena con el Aleluya de Haendel de fondo… magistral.

Buñuel destapa las miserias humanas en un filme en el que roza el surrealismo pero que tiene un guión claro y una historia que contar con un enorme trasfondo detrás. La crítica a la iglesia y a la beatería es durísima y mantuvo al Vaticano cabreado durante bastante tiempo. Es osada, gamberra y descarada sin descuidar el guión ya que el hilo de la historia es perfectamente perceptible y está definido incluso para un público que no quiera mirar más allá pues cada escena de la obra tiene una doble lectura lo que la convierte en una película especialmente apta para malpensantes, y para los que gustan de leer entre líneas. El reparto es también magnífico y las interpretaciones ‘divinas’ que enmarcados por los objetos de alta simbología que Buñuel les pone en los planos alcanzan evocaciones determinantes para la comprensión última del filme. La obra culmen del cine español y una cinta imprescindible (alabado sea el cine).

 Nota: 9

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