Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Samaritan girl

Título: Samaritan Girl

Dirección: Kim Ki-Duk

Interpretación: Kwak Ji-Min, Seo Mig-Jeong, Lee Uhl.

Corea del Sur 2004

 

 

 

 

 

-“Devolveré todo el dinero que ganaste, así me sentiré menos culpable de tu muerte”.

 -“No aceptaré tu dinero, además te devuelvo el de la otra vez, así todo será más sencillo”.

 

Cine expiativo.

 

Película contundente, dolorosa y voraz, un puñetazo sobre la mesa de las conciencias, un pulso a la moralidad y una bofetada al pecado y a sus consecuencias. Kim Ki-Duk vuelva a hacer una película maravillosa, plagada de matices, envolvente, que desgasta emocionalmente, que asfixia al espectador capaz se seguirle y le encoje el corazón a base de un guión tan violento como inesperado, tan particular que te hace asumir con levedad lo que debiera ser inverosímil en manos de otro director. Y es que este descenso a los infiernos (en el que las citas metafóricas relativas a la iglesia no faltan) está marcado por una historia, imaginativa, dura, compleja y al mismo tiempo con una sensibilidad terrible, en la que las imágenes arañan. Desconcertante a veces, con giros de guión abruptos, y situaciones que a priori pudieran parecer surrealistas, terminan por encajarse perfectamente en el puzzle del director coreano y lo va haciendo con metáforas visuales y manteniendo el pulso narrativo en el drama estridente que presenta. El contraste que se encuentra en la temática, donde mezcla la prostitución, el asesinato, la pederastia, con la expiación, el amor por la naturaleza o los elementos religiosos es otro de los grandes aciertos que aportan un universo diferente a la película. Magistral la escena del suicidio fuera de campo, donde caen las llaves de un coche y la sangre dibuja las marcas de los baldosines. Es un film lleno de posibilidades reflexivas y estéticas, un contenedor de alegorías, un contador de poemas visuales, excelente en sus localizaciones. Se le achaca eso sí el escaso trabajo con los personajes, esquemáticos en el empecinamiento del director por dejar la moralidad en manos del espectador de dejarnos a solas frente a la película, y a veces un plano demasiado introspectivo, un aterrador compromiso con la película que hace que pierda parte de su sentido.

 Nota: 8

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