Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

Hierro 3

Título: Hierro 3

Dirección: Kim Ki Duk

Interpretación: Lee Seung-Yeon, Jae Hee, Kwon Hyuk-Ho

Corea del Sur. 2004

 

 

 

 

 

-“Tienes un título universitario… ¿Qué haces yendo de casa en casa?”

-“Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad”

 

La virtud del silencio.

 

El arriesgado Kim Ki Duk sorprende con una película envuelta en un área de sugestión de carácter casi mágico, donde no se muestra nada pero todo subyace. La mayor virtud del film radica sin duda en la extraña empatía que despierta su personaje principal que, durante toda la película, no dice una sola palabra (y no se trata de un mudo) su insonoro paso de puntillas a lo largo de toda la película es una metáfora de la incomunicación, del vacío existencial durante un enigmático y fascinante periplo que le lleva a habitar las casas de otras personas desconocidas. La película lleva al extremo aquello de que una imagen vale más que mil palabras y para ello es necesario estar dotado de unas virtudes técnicas excepcionales. La profundidad, por ejemplo, con lo que dota a sus planos es inmensa, las metáforas visuales bellas, la perfección metódica con la que dibuja los paisajes urbanos y ajardinados, hermosísima y solo con ello consigue que la ausencia de diálogos no pese en el espectador en demasía y se vaya recreando en esos escenarios y actitudes propias de los personajes más oníricas que reales. Es, sin embargo, una película en la que el espectador debe poner de su parte para dejarse seducir, a ojos de un purista, está claro que el guión no tiene ni pies ni cabeza y si no la paladeas con cierto detenimiento, tomándola como un cuento más que como una historia verosímil, la poética obra de Kim Ki Duk es un puñetazo a la lógica, es por ello que la cinta se ve en algunos momentos demasiado forzada y hay que hacer un poco de tripas corazón para seguir adelante, pero siempre en un plano superficial, que es precisamente lo que no le interesa a este director coreano. La cinta es tan sigilosa como sus protagonistas, más intuitiva que lógica, más simbólica que descriptiva y a veces raya el absurdo en la persecución intangible de la belleza pero con tal sensibilidad y destreza que un espectador avezado agradecerá y mucho este soplo de aire fresco. Por cierto, la ausencia de diálogos no implica la de sonidos, la música Chill Out que emplea resulta muy apropiada, los efectos de sonido al golpear el palo de golf con la pelota o los mínimos roces capturados por el micrófono para detectar al personaje en su aprendizaje de la invisibilidad también implican maestría en este plano técnico que dota a la película de una herramienta más para llevar a cabo su fin, conmover sin explicar, sin interpretar, sólo sugerir en la sucesión de planos.

 Nota: 7

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