Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El pagador de promesas

Título: El pagador de promesas

Dirección: Anselmo Duarte

Interpretación: Leonardo Vilar, Norma Bengell, Gloria Menezes, Dionisio Azevedo.

Brasil. 1962

 

 

 

 

 

 

 

-“Una promesa es una promesa, es como un negocio, si compras algo, tienes que pagar”.

-“Le garantizo que el sacerdote ahora abrirá la puerta, todo el mundo tiene miedo a la prensa”.

 

 

Impagable herejía.

 

Con un guión canalla y rodado de una forma impecable, El pagador de promesas es una curiosa película brasileña, la única que, hasta la fecha, se ha hecho con la palma de oro en Cannes. El argumento tiene apuntes de delirio desde el principio, mezcla tramas aparentemente alejadas de los temas principales, fabrica personajes dicharacheros y extremos y pese a la disparidad de factores que se manejan el resultado final resulta ser un curioso equilibrio imposible. En este filme, Duarte consigue rodar una crítica anticlerical (también a la religión pagana) bajo el prisma de un cristiano un tanto confundido, pero en la historia también se inmiscuyen, una prostituta, su chulo, una infidelidad, un periodista (otro sector criticado por la obra) y toda una pléyade de personajes que convierten  esta película en un anecdotario de movimientos en torno a una cruz de madera, todos ellos son chirriantes pero consiguen sorprender sin degradar el sentido de la historia que se nos narra. En cuanto al cuadro técnico, la habilidad del director para colocar la cámara resulta a veces impresionante, especialmente en las escenas finales y siempre persigue un fin narrativo al hacerlo ya que de fondo, en sus planos, siempre aparece algún símbolo que sirva para recrear lo que está sucediendo en la historia. Utiliza planos generales para destacar tanto la soledad como el bullicio, detalles para remarcar el tintineo de la música mientras los percusionistas golpean los instrumentos, picados y contrapicados que ensalzan la historia y una más que digna composición de planos afinados por un montaje que acierta, especialmente en los compases musicales (algo que se ve desde los créditos). Tiene eso sí, ciertas dosis maniqueas (lógicas en personajes extremos) incluso estereotipadas, y demasiada crueldad en su tratamiento crítico, pero al fin y al cabo es lo que le da esa ‘alegría’ a la cinta. También tiene la cinta algunos tintes políticos más sucintos (la crítica religiosa es evidente) e incluso de carácter comunista de hecho algunos de los símbolos que propugna a lo largo de la película, no son más que los del poder del pueblo. Fascinante a ratos, repetitiva en ocasiones, es desde luego una película impagable, una herejía digna de cometer.

 Nota: 7

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