Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El apartamento

Tïtulo: El Apartamento

Dirección Willy Wilder

Interpretación: Jack Lemmon, Shirley McLane, Fred McMurray

USA 1960.

 

 

 

 

 

 

-“¿Cómo se desintoxica uno de la persona amada?, deberían inventar una sonda para el corazón.”

-“La primera vez que me besaron fue en un cementerio”.

-“Cuando se sale con un hombre casado, una nunca debe ponerse rimmel”.

 

La llave de la ternura

 

Para llegar a ser un clásico imperecedero hay que tener un guión magistral, lleno de matices, ese mismo guión debe estar dotado de ritmo, de vida y tener giros argumentales sorprendentes que desconcierten un poco y un clásico debe también estar magistralmente interpretado. Estas son las puntas del iceberg que han hecho que el apartamento pase a la historia, porque, sólo así una comedia de enredo, muy convencional y de final previsible puede perdurar. Y es que en la historia del apartamento, el enredo amoroso en el que nos sumerge, aunque tengas ciertas características recurrentes del cine de su época, parecen abrazar un punto más, le dan un giro más a la historia que la hace ser más cómica y un tanto menos absurdas (no confundir con una madeja argumental al estilo hermanos Max) y la forma en la que zigzaguea el argumento, aunque en el fondo sepamos siempre donde va a terminar por el trilladísimo ‘Happy End’ impuesto por Hollywood, nos deja K.O por unos segundos nos hace intentar adelantarnos en futuras repercusiones que luego no son tales porque siempre aparece un nuevo elemento que añade emoción a la cinta. Luego está la magistral configuración de los personajes, los tres principales son deliciosos, enternecedores (incluso el que hace de malo que sólo queda como briboncillo). Shirley McLane es dulce, encantadora pero muy torpe en el amor, demasiado enamoradiza y confiada, Jack Lemmon es un pobre incauto, bondadoso hasta el extremo, generoso y de gustos sencillos pero que no le importa ganarse una mala reputación a favor de los demás, de los que se aprovechan de él y Fred McMurray aunque sea el jefazo rico que engaña a su mujer y se aprovecha de sus empleados también llega a producir cierta dosis de ternura. Los tres bordan su papel y te llevan al sueño, pero es que además de todo esto tenemos que hacernos cargos de unos diálogos fabulosos, que conectan durante toda la película y crean flashforwards dialécticos, frases con dobles sentidos, sentencias que dan contenido a la película de por sí, que narran con contundencia. Genial también en los detalles visuales con sentido narrativo, (el espejo roto, el sonido de la botella de champán, el médico que pide hielo). Natural, sencilla, sensible y divertida, peca de sobriedad en su puesta en escena (aunque a veces una raqueta es fundamental para explicarlo todo) y en los convencionalismos de sus personajes, actuaciones y las situaciones en general, pero pese a todo, es y será una obra maestra de todos los tiempos.

Nota: 8

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