Palomitas con choco

Críticas de cine, desde Huelva

El abrazo partido

Título: El abrazo partido

Dirección: Daniel Burnan

Interpretación: Daniel Hendler, Adriana Aizemberg, Sergio Boris, Jorge D´elia.

Argentina. 2003

 

 

 

 

-“Yo hice varias cosas importantes con esa mano. Reventé un bote de mayonesa contra la mesa del bar de la galería, arreglé la radio número 30 y otras cosas que no puedo contar, en la guerra, pero la más importante de todas no pude, dárosla a vos”.

 

-“Me tengo que hacer polaco, urgentemente”.

 

Manco de padre.

 

El abrazo partido es un buen ejemplo de esa pureza narrativa con la que de vez en cuando nos sorprende el cine Argentino. Es una comedia sencilla, destilada, que se ofrece cercana al espectador y con grandes brotes de ternura aunque la historia en sí trate de los dramas añejos y las heridas del pasado. Burman tiene un buen manejo de la cámara y resuelve con agilidad los vericuetos de la historia, dejando incógnitas hasta el final, cruzando las tramas secundarias en los puntos de inflexión de la cinta para dar ritmo al film, ralentizando el metraje cuando es necesaria la reflexión. En general, el montaje de la película está hecho por manos maestras, firmes en la habilidad de dotar a la película del tempo exacto en cada escena, de hacer no solo agradable sino entretenida una historia sin estridencias, ni ambages, que lleva por si sola a los personajes hasta el final arrastrada por su propia inercia. En ocasiones, el uso de la música y el sonido como metrónomo para marcar los golpes de imagen resultan sorprendentes y acertados. Y de maestro es también la interpretación de Daniel Hendler, un joven que se siente perdido sin conocer su pasado, que quiere huir, que tiene dudas acerca de lo que le rodea y que deambula por la historia, entre preocupado y alegre con una convicción absoluta para el espectador. Los personajes que presenta la galería comercial resultan ser extraordinarios aunque la propia película los revista de mediocridad, nunca han hecho nada importante en la vida, pero todos están repletos de detalles, de pequeños secretos, de recuerdos que los hacen tremendamente humanos, juntos componen un paisanaje armonioso, una comunidad de vecinos bien avenida, con sus rarezas toleradas por los demás integrantes del grupo, es precisamente este acierto guionístico el que aporta las principales dosis de humor a la historia, junto con algunos diálogos, que en su naturalidad, obsequian al espectador con alguna frase que libera sus endorfinas. Es también una historia sobre la perenne crisis argentina, sobre la emigración, sobre las relaciones paterno-filiales, la pérdida de la fe religiosa (en este caso judaíca) y sobre las dificultades de las relaciones amorosas, y es que Burman no se deja casi nada en el tintero completando una película sin demasiadas pretensiones pero de indudable buen gusto.

 Nota: 8

 

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